Un dia me encontraba por la calle acompañando a un conocido que es ciego y le indiqué que el sol se estaba poniendo y que el día se oscurecía. Entonces él me formuló una de las preguntas más fascinantes que me hayan hecho nunca:

-“Cómo se ve cuando ves?”

Traté de responderle con una serie de frases inconexas sobre los colores, las formas.. pero en mitad de las frases me paraba porque me daba cuenta de que cualquier palabra o expresión se quedaban cortas para poderle transmitir la experiencia que tenemos de la visión.
Entonces me paré y nos vimos sumidos en un profundo silencio, esperando que me llegara una brillante deficinión que nunca llegó. Cuando el silencio empezó a ser incómodo le repliqué:
-“Y cómo se ve cuando no ves?”
A lo que él respondió: “imagino que lo contrario a cuando ves.”
Y acto seguido al darnos cuenta de lo absurdas que eran esas frases nos pusimos a reír. Y esa risa transmutadora resultó ser la respuesta más adecuada a la pregunta, dado que nuestras diferentes realidades no podían ser mostradas con las meras palabras.

Lo más curioso del caso es que si lo pensamos bien, la percepción de la realidad de un ciego y un vidente, son dos maneras relativas de decodificar una realidad y son igual de válidas al mismo tiempo.
Nuestra visión nos resulta tan práctica y nos parece tan real que pensamos que el mundo es tal como lo vemos. Cuando miramos un árbol lo diseccionamos; vemos aquí las hojas verdes, allí las formas de las ramas, allá el tronco.. vemos todas las formas delimitadas.
El ciego en cambio empezará a palpar la hoja y seguirá palpando hasta la rama, pero no se fijará en cuando termina una y cuando empieza la otra, no puede ver los límites.

Paradójicamente ese tipo de visión está más próxima a la realidad que la que nos proporciona nuestra visión. Dónde a nosotros nos pierden y limitan los detalles, ahi el ciego tiene una abstracción más elevada de los objetos al no estar confundido por las formas ni los colores.

De hecho los monjes budistas hacen una meditación que consiste en precisamente eso, ir abstrayendo los límites entre los objetos. Por ejemplo observan la forma de una mesa y empiezan a ver los objetos de la mesa como si estuvieran incluidos en la misma mesa, entonces el suelo y la mesa también se unen y consituyen una sola forma, y asi sucesivamente incluyendo más y más objetos en una misma forma global cada vez más grande. También suelen hacer la misma meditación con las partes del cuerpo.

A veces me sorpendo recordando esa anécdota, sin tratar de explicarla, simplemente rememorándola y entonces es cuando mejor entiendo su enseñanza. Y sin querer, esa pequeña anécdota intrascendente con el tiempo se ha convertido para mi en un koan personal, en una interesante enseñanza zen que se reaparece a veces en mi memoria.

Amanecer - acuarela

Amanecer – acuarela

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