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Nibbana (Nirvana en sánscrito) está más allá de los planos de la existencia y no se puede explicar, sólo experimentarse. El plano de los Seres Superiores puede ser lo que otras religiones llaman “cielo” habitado por ángeles. Sin embargo, este no es un estado permanente y los ángeles terminan re-naciendo en otro plano de la existencia después de una vida muy larga de más de mil millones de años. Algunos textos budistas y libros en realidad llaman deidades a los ángeles pero en realidad no son dioses en el uso occidental del término, ya que se encuentran en un estado temporal enfrentados a la muerte y al al renacimiento al igual que a los otros planos de existencia.

Para volver a nacer en este plano de los Seres Superiores hay que llevar una vida buena y moral. De acuerdo con Buda y el budismo cualquier persona de cualquier religión puede llegar a este plano celestial.

La única extinción permanente del sufrimiento está en el estado de nibbana que se puede lograr durante nuestra propia vida. El Nibbana sólo se realiza y se entiende desde el más profundo conocimiento de la iluminación. La lógica de nibbana, que se encuentra en las enseñanzas de Buda es que está más allá de todo concepto de dualidad. Por ejemplo, en la mayoría de las religiones la meta es el cielo donde los seres viven en completa felicidad, con muchos placeres, en una especie de paraíso. Pero desde la lógica filosófica sabemos que no puede existir algo “bueno” sin que exista algo “malo”. La afirmación de que “Johnny es un buen chico” no puede existir a menos que haya alguna comparación con lo que “malo” representa. No puede haber ningún concepto de placer a menos que haya “disgusto”. Ninguna “felicidad” a menos que haya “infelicidad”. En los planos de existencia de Buda existe el cielo, pero es un estado temporal y no de carácter permanente. El objetivo de las enseñanzas de Buda es nibbana, que está más allá de todo concepto, lenguaje y dualidad.

Recuerdo haber oído una historia que ilustra este punto explicada por un rabino en Israel:

Había un tipo que murió y fuimos a un hermoso lugar de exuberantes montañas, cascadas, y flores. Había sirvientes en todas partes que te daban todo tipo de deliciosos alimentos que puedieras imaginar. Era como el paraíso. Finalmente, un día el hombre dijo: “Está bien, ya estoy cansado del cielo ¿puede llevarme al infierno para que pueda ver como es?” Y los siervos le respondieron “no podemos llevarte al infierno, ¡ya estás en él!”.

Creo que la mayoría de las culturas tienen diferentes variaciones de esta misma historia, pero el punto es el mismo, el cielo y el infierno están dentro de ti, y cualquier experiencia placentera eventualmente se convertirá en disgusto.

Buda fue la primera persona en la historia conocida que reconoció esta importante verdad acerca de la impermanencia incluso de las más maravillosas experiencias celestiales:

“La lluvia podría convertirse en oro y aún así tu sed no sería saciada. El deseo es insaciable o termina en lágrimas, incluso en el cielo.” (Dh., capítulo 14)

Imagínese su experiencia más placentera. O permitame que nos extendámos a un día entero. Imagine el día más agradable de su vida. ¿Realmente querrías vivir ese día una y otra vez por toda la eternidad? Cada cielo contiene un infierno en él y todo infierno contiene el cielo en él mismo. Todo pasa, incluso el placer.

En la cosmología budista existen reinos celestiales. Podemos ver estos lugares como lugares físicos o como estados de la mente. De cualquier manera, son temporales. Las deidades del cielo (o ángeles) vuelven a re-nacer. Nuestros placeres se desvanecen.

Para alcanzar un verdadero estado permanente de felicidad, debemos ir más allá de la dualidad de este mundo, más allá incluso del dualismo del cielo y la tierra, para llegar al Nirvana, la iluminación.


Extraído y traducido del libro “The Complete Book of Buddha‘s Lists — Explained ” de David N Snyder. El texto también está en su página web www.dhammawiki.com.

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