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De acuerdo con Buda, todos nacemos esencialmente con una naturaleza buena. No nacemos dentro o cerca del pecado. De hecho no hay “pecado” en el budismo. La gente se involucra en un comportamiento desviado o inmoral debido a una o más de las siguientes:

  1. Apego o codicia
  2. Aversión u odio
  3. Engaño o ignorancia

Esta es otra manera de describir las cuatro nobles verdades; que todos los actos ilícitos o lo que algunas personas podrían llamar “pecado” o lo que el budismo llamaría sufrimiento, está todo arraigado en el apego, aversión o ignorancia. Cuando tenemos apego o codicia sufrimos por cualquier inmoralidad que pudiera venir de ello o porque perdemos eso a lo que estamos apegados cuando ya se ha terminado. Estas tres cosas son las causas del kamma negativo.

El apego es un impulso muy potente y puede llegar a ser como una adicción. Imagine una experiencia muy placentera o pertenencia. Observa cómo se siente cuando se imagina que ya se terminó. Esto puede aplicarse a la gente también. Podemos llegar a estar también demasiado apegados a nuestros seres queridos hasta el punto que tratamos de controlarlos de una manera posesiva. Para evitar demasiado apego tenemos que estar dispuestos a dejar ir y no aferrarnos a las cosas, lugares o personas. Esto no quiere decir que no podamos tener relaciones de amor y cariño, sólo que debemos tener cuidado para evitar que se conviertan en relaciones de control o posesivas.

Todos hemos visto historias en libros y películas o tal vez conocemos personalmente algún caso de alguien que tiene mucha riqueza e ingresos y se vuelve muy codicioso. El dinero y la búsqueda del dinero son más importantes para esa persona que nada. Ignoran las valiosas relaciones con los demás y la comunidad para poder seguir persiguiendo más dinero. No todas las personas ricas se comportan de esta manera, pero los que sí que actuan de esa manera son personas muy desgraciadas. No son tan miserables para los demás como lo son para ellos mismos. A veces se privan de cosas básicas por una avaricia obsesiva y les preocupa constantemente perder sus posesiones y dinero.

En una edición anterior del Libro Guinness de los Récords, aparecía que el mayor avaro (“agarrado”) fue una mujer que vivió en la década de 1930 que tenía un patrimonio neto de 30 millones de dólares (Por lo menos un billón en el valor actual del dinero). Ella vivía en una pequeña casa en decadencia y comía cereales fríos de avena cada día. Estaban fríos porque no quería pagar los gastos para calentarlos. Su hijo estaba muy enfermo y se tuvo que amputar una pierna a causa de los retrasos que ella causó buscando una clínica gratuita.

Sin embargo hay otros que han tenido éxito de riqueza e ingresos y no quedan atrapados en la trampa de la codicia y el apego porque saben cuándo es suficiente. Se ocupan de sus asuntos financieros poniéndolos en manos de asesores de confianza y en sus empleados y utilizan su tiempo libre para centrarse en organizaciones benéficas, su familia y su espiritualidad.

Dejar ir tampoco significa que tengamos que dejar todas nuestras pertenencias incluyendo el dinero. Simplemente tenemos que tener cuidado para que no nos volvamos demasiado apegados a nuestras posesiones y dinero. Podemos hacer esto evitando hacer de nuestras posesiones, nuestro dinero y nuestros ingresos los principales objetivos de nuestra vida.

La aversión o el odio despiertan toda clase de agitación mental que causa sufrimiento o conduce a alguna otra cosa que algunos podrían llamar pecado. El odio puede dar lugar a todo tipo de actos malos o incluso actos delictivos. La mayoría o tal vez todas las guerras se podría decir que están enraizadas en el odio. A veces, las guerras se inician por una disputa sobre territorios, que es una forma de apego y de codicia. Podrían llegarse a soluciones razonables por medios no violentos si no hubiera apego y codicia. A menudo es el creciente odio entre los líderes de los países el que causa el estallido de la guerra. Buda se opuso a la guerra e incluso fue hasta el campo de batalla en una ocasión para detener una guerra. En el Dhammapada, Buda dijo:

-“Es mejor conquerirte a ti mismo que ganar mil batallas.” (Dh., capítulo 8) En otro famoso verso Buda dijo: “El odio nunca cesa con el odio, sólo el amor disipa el odio. Esta es una ley antigua y atemporal.” (Dh., capítulo 1)

Qué intemporal es esta enseñanza en realidad. Aún hoy en día vemos líderes que crean guerras cuando hubieran podído haber opciones más pacíficas. Además de odio, a menudo hay ego, o el apego al ego, como una de las principales causas del estallido de la guerra. A veces hay un líder con un apego al ego tan grande que desea gobernar el mundo. Muchas veces el discurso y la retórica son simplemente un montón de aire caliente sin un poder real de llevar a cabo una invasión. Inevitablemente otro líder, por temor a que esta persona pueda tener más influencia en la escena mundial, comienza a llamar al otro líder “el mal” y finalmente ataca a su país con poca justificación.

O también algunas personas hacen todo tipo de cosas equivocadas o malas simplemente porque son ignorantes, por ejemplo cometen algunos errores porque no tienen el conocimiento suficiente como para hacerlo mejor. El conocimiento no tiene por qué venir de la escuela, también puede ser una falta de conocimiento que debería haber sido enseñado en casa por la familia cercana y parientes.

Nadie es inherentemente “malo”. Incluso los criminales más endurecidos no son “malos”. Nacieron con una naturaleza básicamente buena como nosotros. A veces ocurren errores de apego, aversión o ignorancia. Hay que recordar también que las personas que están determinadas a ser “delincuentes” lo son a ojos de la sociedad y sus reglas. Vivimos de acuerdo con la ley del hombre, que es la ley según los libros de derecho y está hecha por los seres humanos a diferencia de la ley de la naturaleza. Por ejemplo, durante un período en la historia de un determinado delito puede ser ilegal y durante otro período la misma infracción puede ser perfectamente legal. Debemos tener compasión hacia todos los seres, incluyendo las personas bajo la custodia de los departamentos de justicia de todo el mundo.

Durante la época de Buda hubo un asesino con el nombre de Anguilama que se convirtió en Budista y alcanzó la iluminación. Como resultado de su mal kamma aún tuvo que sufrir los efectos de sus acciones. Sin embargo, fue capaz de alcanzar la iluminación completa. Por esta razón y también por el primer precepto de no matar, la mayoría de los budistas se oponen a la pena de muerte, incluso para los crímenes más atroces.

Tenemos que dejar ir de modo que no acabemos teniendo demasiado apego a las cosas, personas y lugares, pero también a las ideas o ideologías. Por ejemplo, tenemos que dejar de lado las ideas sobre “bueno” y “malo” y evitar juzgar a las personas. Hacemos esto al darnos cuenta de que existe el bien y el mal en todo. Esto ha sido ilustrado muy bien en la antigua filosofía oriental del Taoísmo con el símbolo del yin-yang. Un lado del “todo” es blanco y el otro lado es de color negro, pero fluyen juntos y en cada lado hay un círculo más pequeño o cantidad de su opuesto. Esto nos enseña a ir más allá del pensamiento dualista de que todo es blanco o negro, bueno o malo.

Algunas personas se preguntan, “¿significa esto que no puedo disfrutar de ciertas actividades, porque eso sería apego?” La respuesta es no, uno todavía puede disfrutar de actividades sanas, las enseñanzas de Buda no están para volvernos a todos unos zombies sin emociones, como se interpreta a veces por un concepto erróneo. La persona iluminada todavía disfruta de muchas cosas, incluyendo la compañía de la gente, la persona iluminada simplemente no llora o pierde el gozo cuando se ha terminado. La persona iluminada no busca el placer y el gozo todo el tiempo, como hace un adicto, la persona simplemente tiene la atención y la conciencia puesta en lo que está sucediendo, ya sea placer o disgusto y todo ello sin apego o aversión.

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